Cuaderno de lengua: crónicas personales del idioma español

n. 32, 19 de octubre de 2004. Majadahonda (Madrid)

Otoño en la Romania

(antología neolatina de versos de temporada)


Victoriano Colodrón Denis
 
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Los nombres del otoño en la Romania: la dulzura líquida de outono, con rumor de lluvia en portugués; el resonante tañido del francés automne; la elegante y grave cadencia italiana de autunno; o el nombre de esa muchacha rumana, Toamna, delicada y discreta. Outono, automne, autunno, otoño, toamna... Palabras hermanas de similar belleza y capacidad de sugestión. Pero si me obligaran a escoger, quizá me inclinaría por el precioso nombre del otoño en catalán, tardor, que habla de los frutos tardíos de la tierra, de la tarde del año que se va, que empieza a apagarse...

La Romania existe, está viva: es el conjunto de países cuyos habitantes seguimos hablando latín. Eso sí, formas de latín muy lejanas de su remoto origen y muy distintas unas de otras. Es verdad que nadie utilizaría hoy esta palabra, Romania, para referirse a los lugares por donde se extienden las lenguas neolatinas. Nadie excepto los lingüistas, los especialistas en filología románica, que llaman así a los territorios que adoptaron la lengua del Imperio Romano y en los que sus diferentes variedades fueron haciéndose cada vez más ininteligibles entre sí. Hasta el punto de que hubo que empezar a bautizarlas con nombres distintos y llegaron a ser lo que hoy conocemos como italiano, francés, rumano, español, portugués, catalán...

Pero más allá de su existencia académica y de su resonancia histórica, la Romania sigue viva, de plena actualidad. Viva, para empezar, en todas las lenguas y dialectos en los que el latín ha pervivido y ha prosperado extraordinariamente, no sólo en número de hablantes y en presencia mundial (ahí está la expansión del portugués, del francés, del español), sino también en aportación al acervo cultural de la humanidad, en literatura, en pensamiento, en creación...

Hoy -¡por fin!- ha llegado el otoño a este rincón castellano de la Romania. El sol ha escapado ante el embate repentino del viento y de las nubes, y ha empezado a llover. No ha habido previo aviso, ya digo, y de un día para otro hemos tenido que guardar la ropa de verano, sin lugar para la duda de la que hablaba Álex Susanna en aquel poema, Tardor: "Hi ha uns dies de dubte / en què no saps què posar-te / i surts de casa indecís, / poc segur d'haver encertat la roba justa: / el temps és tan mudable!... / Però arriba un dia en què l'aire / sentencia amb inequívoca fermesa / el que has de fer, i els dubtes / a l'instant es dissipen, com si mai / no haguessin existit. / Llavors, quan vegis que l'hivern / ha entrat clarament dins teu, / deixa-ho córrer i marxa, / que ja mai més els vostres cossos / no us preservaran del fred que s'acosta".

Romania: un término que habla tanto de unidad como de fragmentación. Que alude al mismo tiempo a una inmensa comunidad lingüística y cultural -la que una vez compartió el latín- y a los distintos espacios en los que se desmembró. Aunque, incluso cuando esa disgregación ya se había producido, no llegó a desaparecer nunca del todo la idea de unidad, que siguió alentando a través de los siglos con más o menos fuerza.

Así que la Romania sigue viva, además de en sus lenguas vivas, en algunos de los mitos lingüísticos que aún resuenan en su nombre. En primer lugar, el mito o el espíritu de la unidad perdida y añorada, presente en instituciones como la Unión Latina y en proyectos como el de Tres espacios lingüísticos. Y también el mito contrario, de estirpe babélica, diríamos: el de la fragmentación o la dispersión de una comunidad idiomática en diferentes grupos humanos que acabaron por no poder comunicarse entre sí con sus nuevas lenguas, a pesar de los lazos de familia, más o menos cercanos, que las ligaban.

De repente, ya digo, ha llegado el otoño, sin anuncios, sin transición, y por contraste me he acordado de los viejos versos de Vincenzo Cardarelli, Autunno: "Autunno. Già lo sentimmo venire / nel vento d'agosto, / nelle pioggie di settembre / torrenziali e piangenti, / e un brivido percorse la terra / che ora, nuda e triste, / accoglie un sole smarrito. / Ora passa e declina, / in quest'autunno che incede / con lentezza indicibile, / il miglior tempo della nostra vita / e lungamente ci dice addio".

Vive la Romania, decíamos, en instituciones y proyectos que la hacen visible, que se basan en la hermandad de sus lenguas y se proponen reforzarla. La Unión Latina, por ejemplo, es un organismo internacional dedicado a "la promoción y difusión de la herencia común y de las identidades del mundo latino", que agrupa a unos treinta y cinco países en los que se hablan lenguas románicas. Sus idiomas oficiales son el español, el francés, el italiano, el portugués y el rumano, y entre sus líneas de acción se encuentran la cultura y la comunicación, la promoción y enseñanza de lenguas y la terminología e industrias de la lengua.

Y el proyecto de Tres espacios lingüísticos es una plataforma de cooperación entre las culturas que se expresan en español, en portugués y en francés puesta en marcha en el año 2001 por la Unión Latina junto con la Organización de Estados Iberoamericanos, la Comunidade dos Paises de Língua Portuguesa y la Organisation international de la Francophonie. Algunas de sus iniciativas son un estudio sobre el estatuto de esas tres lenguas en distintos organismos internacionales y el intento de armonizar los sistemas de acreditación de conocimientos lingüísticos. Tres espacios lingüísticos, que también está prestando mucha atención a la presencia en Internet de francés, portugués y español, se apoya en una mini-Romania, la que conforman las tres lenguas románicas más extendidas en el mundo: la Romania del éxito, podríamos decir, al menos en número de hablantes.

Escenas de interior. Unidad y fragmentación de la Romania y de la lengua española.

El otoño reclama escenas de interior, mantas, té caliente, un buen fuego en el hogar que favorece las ensoñaciones. Así lo vió Mihai Eminescu, el gran poeta rumano: "Afara-i toamna, frunza 'mprastiata, / iar vântul svârla 'n geamuri grele picuri; / si tu citesti scrisori din roase plicuri / si într'un ceas gândesti la viata toata. // Pierzându-ti timpul tau cu dulci nimicuri, / n'ai vrea ca nimeni 'n usa ta sa bata; / dar si mai bine-i, când afara-i sloata, / sa stai visând la foc, de somn sa picuri. // Si eu astfel ma uit din jet de gânduri, / visez la basmul vechiu al zânei Dochii, / în juru-mi ceata creste rânduri-rânduri; // de odat'aud fosnirea unei rochii, / un moale pas abia atins de scânduri... / iar mâni subtiri si reci mi-acopar ochii".

Está viva también la Romania, y palpitante, en quienes, compensando la ausencia del viejo idioma común, el latín, reconstruyen una cierta unidad con su esfuerzo personal, mediante el estudio de lenguas romances distintas de la propia. Como mi amiga Alina, joven rumana vecina de Francfort, que habla muy bien el español y perfectamente el portugués, y que se siente muy atraída por la sonoridad del catalán (lo acabará aprendiendo, seguro).

O como otros viejos amigos, de recuerdo siempre vivo. Bruno, estudiante de italiano, aspirante a borsista profesional, enamorado de la piccolina en aquel loco curso de verano en Catanzaro, agosto del 85. Y Manuel, Manolito, tan buen lector de francés, que fue quien me convenció de que debíamos dejar el portugués para más adelante y matricularnos en el curso de rumano (otoño del 86, tal vez).

Escenas de interior: tardes de octubre, en casa, tan propicias para mirar las fotos de Bruno en aquella excursión a Ávila con Rainier y con María. O para releer los poemas de Manuel, o los poemas que le gustaban. Como los del libro de Eugénio de Andrade que me regaló en Lisboa un mes de mayo de hace casi quince años. Outono: "O outono vem vindo, chegam melancolias, / cavam fundo no corpo, / instalam-se nas fendas; ás vezes / por aí ficam com a chuva / apodrecendo; / ou então deixam marcas, as putas, / difíceis de apagar, de tão negras, / duras".

Al igual que Alina, Bruno y Manuel, todo hablante de una lengua neolatina que estudia otra distinta, recompone el puzle despiezado de la antigua Romania y le da nueva vida. El nicaragüense que estudia francés, el siciliano matriculado en un curso de catalán, la suiza hablante de romanche a la que le gusta leer en español, el rumano que viaja a Brasil a aprender portugués..., todos ellos, además, superan el tonto tópico de que en la Romania podemos entendernos sin ningún problema hablando cada uno en nuestra lengua, que es lo peor que puede haber para perpetuar la mutua incomprensión.

Y es verdad que, en principio, a un español le resultará más fácil entenderse con un italiano que con un japonés, pero... Pero es que de ahí a la confianza absurda en la total inteligibilidad de las lenguas respectivas hay sólo un paso. Y la verdad es que los falsos amigos infestan -y entretienen- el camino del habitante de un país de la Romania que se propone entenderse en su propia lengua con un ciudadano de otra región del dominio neolatino. Mito, falacia, simplificación... que tal vez lo serían menos si el latín y el griego no anduvieran arrinconados, moribundos, en los planes de estudio de la enseñanza secundaria.

Escenas, también, al aire libre, en el otoño de la Romania, con bosques y melancolía, como en el poema -Automne- de Albert Samain: "A pas lents et suivis du chien de la maison / nous refaisons la route à présent trop connue. / Un pâle automne saigne au fond de l'avenue, / et des femmes en deuil passent à l'horizon. // Comme dans un préau d'hospice ou de prison, / l'air est calme et d'une tristesse contenue; / et chaque feuille d'or tombe, l'heure venue, / ainsi qu'un souvenir, lente, sur le gazon. // Le Silence entre nous marche... Coeurs de mensonges, / chacun, las du voyage, et mûr pour d'autres songes, / rêve égoïstement de retourner au port. // Mais les bois ont, ce soir, tant de mélancolie / que notre coeur s'émeut à son tour et s'oublie / a parler du passé, sous le ciel qui s'endort, // doucement, à mi-voix, comme d'un enfant mort..."

Pero la Romania también está viva como punto de comparación o elemento de referencia de la comunidad hispanohablante, cuando se trata de responder a las viejas preguntas: ¿será posible preservar la unidad del español o está condenada a desaparecer?, ¿se fragmentará nuestra lengua para dar paso a otras distintas, como ocurrió con el latín en la Romania?

Han sido muchos los que han pensado que tal desmembración es inevitable, y que sucederá en el dominio hispánico lo mismo que ocurrió en Europa tras la caída del Imperio Romano. No, han sostenido después otros lingüistas: las circunstancias históricas son diferentes, y en este caso las fuerzas centrípetas podrán más que las centrífugas; el extraordinario desarrollo actual de las comunicaciones servirá para mantener la unidad del español. Puede ser, pero tal vez sea más sensato pensar, con el Marqués de Tamarón, que "algun día desaparecerá nuestra lengua, por ley de vida", y que, "como insistía Dámaso Alonso, lo que hemos de hacer es retrasar por todos los medios ese momento".

La tarde se ha apagado en la ventana. Se me ha ocurrido despabilar una vela y prender la mecha, por fantasía. A su luz me he puesto a leer un libro de José Jiménez Lozano, y he encontrado un poema titulado Otoño: "El sol ya va desfalleciendo, / vencido por las sombras. / Enciende, enciende, amor, una candela, / y sostenla un instante, / para que vea siquiera nuestra esperanza tan pequeña, / tan invernal, desnuda".


Notas

. La Unión Latina tiene su sitio web en http://www.unilat.org. La dirección en Internet de Tres espacios lingüísticos es http://www.3el.org. Uno de los lingüistas españoles que participa en esta iniciativa es José Antonio Millán (ver, en su sitio web, http://jamillan.com/tresespa.htm).

. La cita del Marqués de Tamarón procede de "El español, ¿lengua internacional o lengua franca?", en El siglo XX y otras calamidades, Pre-Textos, Valencia, 1997. ISBN 84-8191-141-0.

. "Otoño", de Álex Susanna (traducción al español de Luis García Montero y Jon Juaristi):
Hay algunos días dudosos / en que no sabes qué ponerte encima / y sales de casa indeciso, / poco seguro de haber acertado con la ropa: / ¡es tan mudable el tiempo!... / Pero un día llega en que el aire / con firmeza inequívoca sentencia / lo que has de hacer, y se disipan / las dudas al instante, como si nunca / hubiesen existido. / Entonces, cuando veas que el invierno / ha entrado claramente en ti, / déjalo correr y marcha, / porque ya nunca vuestros cuerpos / os guardarán del frío que se acerca.
El poema original, "Tardor", se publicó en el libro Les anelles dels anys (Enciclopedia Catalana, Barcelona, 1991). La traducción de Juaristi y García Montero apareció primero en 1993, en Bilbao, en una edición del libro publicada por el Instituto Vasco de las Artes y las Letras, y se recogió después en la recopilación de los libros de Susanna traducidos al español titulada Casas y cuerpos (Fundación Jorge Guillén, Valladolid, 2001. ISBN 84-89707-38-3).

. "Otoño", de Vincenzo Cardarelli (traducción propia):
Otoño. Ya lo sentimos venir / en el viento de agosto, / en las lluvias de septiembre / con su llanto torrencial, / y un escalofrío recorrió la tierra / que ahora, desnuda y triste, / acoge a un sol extraviado. / Ahora pasa y declina, / en este otoño que avanza / con lentitud indecible, / el mejor tiempo de nuestra vida / y largamente nos dice adiós.
Traduje este poema al español, junto con otros de Vincenzo Cardarelli, hace muchos años, bajo la guía de la inolvidable Gloria Guidotti. Esas traducciones se publicaron en el número 10, del año 1991, de la revista de literatura Contemporáneos, que dirigía en Jerez de la Frontera el poeta Francisco Bejarano. Hay una traducción reciente de los poemas de Cardarelli: la de Enrique Baltanás, publicada por la editorial Pre-Textos en el año 2001 (ISBN 84-8191-411-8).

. "Fuera ya es otoño", de Mihai Eminescu (traducción propia):
Fuera ya es otoño, las hojas esparcidas, / y el viento arroja contra las ventanas gruesas gotas; / tú lees viejas cartas de sobres color rosa / y así, en una sola hora, recuperas toda tu vida. // Perdiendo el tiempo con dulces bagatelas, / no querrías que nadie llamara a tu puerta; / porque cuando fuera cae el aguanieve, qué bien / se está soñando junto al fuego, quedándose dormido. // Y yo también me dejo llevar por los pensamientos / y sueño con viejos cuentos del hada Dochia, / mientras a mi alrededor la niebla me va envolviendo; // pero de repente oigo el frufrú de un vestido, / un paso suave que apenas pisa el suelo... / y unas manos delgadas y frías me cubren los ojos.

. "Otoño", de Eugénio de Andrade (traducción propia):
El otoño va viniendo, llegan melancolías, / cavan hondo en el cuerpo, / se instalan en las grietas; a veces / ahí se quedan, pudriéndose / con la lluvia; / o si no, dejan marcas, las putas, / difíciles de borrar, de tan negras, / duras.
Este poema pertenece al libro O outro nome da terra. Yo lo he extraído de una edición de la Poesia e prosa de Eugénio de Andrade publicada en Lisboa por O Jornal y Limiar. En 1989 se publicó la traducción al español, El otro nombre de la tierra, hecha por Ángel Campos Pámpano (Valencia, Pretextos. ISBN 84-87101-12-7).

. "Otoño", de Albert Samain (traducción al español de Juan Ramón Jiménez):
Lentamente, y seguidos del perro de la casa, / volvemos por la senda familiar; un pálido / otoño sangra en el fondo de la avenida / y mujeres de luto cruzan sobre el ocaso. // Lo mismo que en un patio de hospicio ó de prisión, / el aire es quieto y de una contenida tristeza; / y las hojas doradas, cuando llega su hora, // caen, como recuerdos, lentos, sobre la hierba. // El silencio camina entre nosotros... Nidos / de falacia, maduros para otros sueños, vienen / nuestros dos corazones, cansados del viaje, / soñando con llegar al puerto egoistamente. // Pero los bosques tienen tanta melancolía / esta tarde, que el alma, bajo el dormido cielo, / se abandona, temblando, á hablar de lo pasado, / dulcemente, en voz baja, como de un niño muerto...
Esta versión de Juan Ramón Jiménez del poema de Samain se publicó en la extraordinaria antología de La poesía francesa moderna realizada por Enrique Díez Canedo y Fernando Fortún y publicada en Madrid por Renacimiento en 1913. En 1994, la editorial Llibros del Pexe reeditó en Gijón, España, este libro magnífico (84-87259-61-8).

. "Otoño", de José Jiménez Lozano, pertenece a su libro El tiempo de Eurídice, Fundación Jorge Guillén, Valladolid, 1996. ISBN 84-89707-00-6.

 
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