Cuaderno de lengua: crónicas personales del idioma español

n. 3, 11 de noviembre de 2001. Majadahonda (Madrid)

Diario de Valladolid

(crónica del II Congreso Internacional de la Lengua Española)


Victoriano Colodrón Denis
 
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Miércoles 17 de octubre

Ha sido un día de reencuentros. En el comedor del hotel, durante el desayuno, he saludado a Álex Grijelmo, que desde hace algún tiempo dirige la división de prensa local, regional y latinoamericana del grupo PRISA. Me he quedado con ganas de preguntarle si está escribiendo algún libro. Hace ya un año que publicó su muy recomendable La seducción de las palabras [1], que, por cierto, creo que anda por la sexta edición, y hace poco se reeditó también, en versión actualizada y ampliada, El estilo del periodista [2], imprescindible.

A Álex Grijelmo lo conocí en noviembre de 1998 en Cartagena de Indias, adonde él había viajado para impartir un taller de periodismo en la Fundación para un Nuevo Periodismo Latinoamericano de Gabriel García Márquez; yo participaba en el primer encuentro iberoamericano de responsables nacionales de bibliotecas públicas, que habíamos convocado y organizado desde el Ministerio de Cultura español.

Me acuerdo de una gratísima conversación durante una cena al aire libre en un restaurante instalado en las murallas de la ciudad, con Álex; Milagros del Corral, de la UNESCO; Jerónimo Martínez, director de la Biblioteca de Andalucía; Magdalena Vinent, entonces subdirectora de bibliotecas del Ministerio y ahora directora general de CEDRO; y Belén Martínez, compañera de la subdirección. Una cena que ha quedado como uno de los mejores recuerdos de aquel viaje, tan pródigo en buenos recuerdos. Justo a la vuelta de Cartagena, me gustó mucho leer la amenísima Defensa apasionada del idioma español [3] de Álex, que acababa de publicarse.

Ya en el Teatro Calderón, antes del inicio de la primera ponencia, se me acerca alguien que a primera vista no reconozco, pero al que no tardo en identificar. Su saludo me lo confirma: es Alberto, un antiguo compañero de carrera, ahora profesor de lingüística en una Universidad, especializado en etnografía de la comunicación y análisis de la conversación. Quedamos para cenar.

Charles B. Faulhaber, director de The Bancroft Library, de la Universidad de California, presenta la que creo que va a quedar como una de las ponencias más atinadas, concretas y positivas de Valladolid, y además con una corbata que dudo que vaya a superar ninguna otra corbata del congreso. Empieza aportando los últimos datos de los que se dispone sobre la presencia del español en Internet, en comparación con la del inglés. Un 45% de usuarios de la Red (218 millones de personas) la utilizan en inglés, frente al poco más del 5% que lo hacen en español, lo que equivale a 26 millones de internautas hispanohablantes. A eso se añade el hecho de que más de dos terceras partes de las páginas web están en inglés, y sólo un 2,4% (treinta veces menos) en español.

Luego manifiesta su escepticismo en relación con la promoción oficial de la lengua y recomienda dejar de preocuparse por su pureza, para concentrar los esfuerzos públicos en el desarrollo de la investigación científica básica y aplicada. Señala un dato significativo: no hay un solo hispanohablante en el World Wide Web Consortium, que es donde en gran medida se planifica el futuro de Internet. Entre las posibles acciones, apunta la deseable adhesión del mundo hispanohablante a la iniciativa de la Public Library of Science, que se propone publicar y difundir gratuitamente en Internet textos cuyos autores deseen ponerlos a libre disposición de la comunidad científica; la edición en español de revistas electrónicas de calidad, con alcance internacional, frente a la miríada de publicaciones universitarias de difusión limitada, y que publiquen artículos rigurosamente seleccionados; y un impulso decidido al patrocinio privado de proyectos e iniciativas relacionados con la lengua y la cultura.

Por último, Faulhaber destaca la necesidad de una mayor cooperación interinstitucional, para la cual dice echar en falta una mínima estabilidad en la dirección de instituciones clave de la cultura española. No las cita, pero en una consulta posterior de la versión escrita de su ponencia veo que alude expresamente al Instituto Cervantes (cuatro directores en diez años) y a la Biblioteca Nacional de España (cinco directores en el mismo período). Como contraste ofrece el ejemplo de la Library of Congress, cuyo director lleva catorce años en el cargo, bajo tres gobiernos distintos.

La frontera entre el inglés y el español no es “un Río Bravo lingüístico”, termina Faulhaber. Las fronteras del español en el siglo XXI son sólo fronteras de la imaginación, que con imaginación y trabajo pueden extenderse [4].

Tras su intervención, lo comento con otros congresistas: Faulhaber ha venido a decir cuatro verdades con la tranquilidad de quien llega de fuera, ajeno a cálculos y conjeturas sobre posibles reacciones, y se da el gusto de expresar alto y claro lo que piensa, pero sin una palabra más alta que otra, sin tono alguno de desafío. ¿La corbata? Colorida y figurativa, ilustrada con lo que parece la reproducción de alguna página miniada de un códice medieval, con dos o tres hermosas capitulares.

Llega el turno de la presentación, en sesión plenaria, de los proyectos de la Real Academia Española, por parte de su director, Víctor García de la Concha. ¿Por qué será tan difícil encontrar a un español que no hable a gritos? Una vehemencia mal entendida o la tensión muy alta, tal vez, junto con la necesidad de contrarrestar el ruido ambiente, supongo. Me pasa a mí mismo, que muchas veces elevo la voz sin necesidad. Así, el español de España se distingue de las variedades americanas del idioma en que se habla decididamente de manera desaforada, energuménica. Las excepciones no dejan de llamar la atención y resultan admirables.

No cabe duda: la actividad de la Academia durante los últimos años empieza a dar frutos, y los proyectos van saliendo adelante. En la nueva versión de su sitio web que se estrena con ocasión del congreso, está la nueva edición del diccionario, pero también el Tesoro (todos los diccionarios académicos desde la creación de esta corporación), e incluso una primera versión del diccionario panhispánico de dudas, fruto de la cooperación de todas las Academias del español.

En la mesa redonda sobre Internet en español, Martín Mayorga aporta unos datos sobre la presencia de nuestro idioma en la Red distintos de los que hace un rato ha dado Faulhaber: un 4,5% de internautas hispanohablantes y un 5% de las páginas de Internet en español. Seguro que los que ofrezca mañana Daniel Pimienta, en el panel sobre esta misma cuestión, tampoco coincidirán [5].

En general, los participantes en la mesa han estado de acuerdo en la necesidad de que se fomente el acceso a la Red en los países hispanohablantes como medio de que crezca el contenido en español y de que se diversifique y se incremente su calidad. Para eso, se ha concluido, será necesario el desarrollo de infraestructuras y de la formación específica sobre estas cuestiones.

Millán ha vuelto a señalar el riesgo cierto de que las herramientas que harán falta para navegar por Internet en español vengan de fuera del dominio hispánico, y ha reclamado una mayor coordinación de las iniciativas públicas y privadas que intentan promover la presencia de este idioma en la Red. Varsavsky ha estado bien, sencillo, directo y desmitificador: la Internet en español va bien, el problema es que los países hispanohablantes son pobres. Por el contrario, Pedreño, consejero delegado del portal Universia, ha afirmado que si Internet, en general, está en pañales, en español ni siquiera ha nacido, y ha rechazado que se tilde su postura de pesimista: en este asunto hay que ser exigente.

Durante las sesiones, se han seguido alternando en las enormes pantallas del escenario las imágenes de vídeos de la Real Academia, las de la exposición tecnológica sobre el español que se exhibe en otra planta del teatro y, sobre todo, las de los congresistas, en planos fijos o móviles, generales o de detalle. Así no hay quien se relaje, no se sabe en qué momento puede enfocarle a uno la cámara para que todo el público lo vea bostezando, retrepado en la butaca o cuchicheando con el vecino.

En la comida, la argentina Ana María Cabanellas, presidenta del Grupo Interamericano de Editores, ha contado una historia de cuerpo entero, una de esas historias cabales que pueden pasar por la novela de una vida. De todo congreso, seminario o jornadas, vuelve uno siempre al menos con una de estas historias, que pueden valer por sí solas tanto como el propio congreso. La novela de una vida y de las lenguas con las que se va haciendo y que la acompañan: del serbocroata y el alemán en Zagreb, durante la II Guerra Mundial, al hebreo en Haifa, y por último el español en una remota provincia de la Argentina, el español en el que empezaban a entenderse los emigrantes de muy diversas procedencias que allí se iban instalando...

Por la tarde se han desarrollado los primeros paneles, repartidos entre el Teatro Calderón y el palacio de congresos Conde de Ansúrez. En todos los congresos grandes, al haber sesiones simultáneas, se pierde uno a la fuerza alguna que le interesa. Incluso es frecuente que sea más lo que uno se pierde que aquello en lo que puede participar. Pero en este congreso de Valladolid la proporción de lo primero respecto a lo segundo es enorme: esta tarde ha habido diez paneles paralelos, y mañana habrá doce.

En el panel sobre la edición no han faltado las referencias al impacto que tiene la diversidad dialectal de la lengua española sobre la unidad del mercado editorial iberoamericano. Según Ana María Cabanellas, es usual que los editores que desean exportar sus libros de gastronomía les añadan un glosario, para facilitar su comprensión en otros países hispanohablantes. También ha traído a colación el hecho de que algunas editoriales editan varias traducciones distintas de una misma obra destinadas a diferentes países, o una para cada región de América Latina: Cono Sur, región andina, Centroamérica y México [6].

La comunicación de José Manuel Lara, leída por el director general de Planeta, José Miguel Abad, habla de la necesidad de publicar ediciones locales, para “hacer frente a la regionalización de la lengua” [7]. También ha abordado el tema Isabel de Polanco, del grupo Santillana, al referirse a la dificultad que tienen algunas obras de un determinado país hispánico para ser entendidas y aceptadas en otro [8]. Pienso que sería interesante conocer las distintas políticas y prácticas lingüísticas adoptadas por los editores para facilitar la circulación de sus productos por el “espacio común del libro”, salvando las diferencias dialectales de los países de lengua española.

El panel ha sido denso, muy rico en datos e ideas, pero excesivamente largo y prolijo: ¡dieciséis comunicaciones seguidas, durante tres horas y media!, con un solo descanso de diez minutos. Los congresistas que vamos saliendo del Conde Ansúrez, tras una larga e intensa tarde de paneles, parecemos, con nuestros escapularios identificativos, congregantes de alguna orden: de la orden de la lengua española.

Sin pasar por el hotel, he caminado un rato por las calles del centro, bajo la lluvia, antes de buscar el restaurante donde me había citado con Alberto. Toda ciudad extraña puede parecernos un enigma en algún momento, sobre todo si es de noche y llueve. Yo creo saber dónde está la clave del enigma que es para mí esta ciudad; mañana, jueves, la buscaré.

Paseando, me he acordado de aquel poemita de Andrés Trapiello, “Valladolid en el corazón”: No te guardo rencor, / Valladolid. / A otros les fue peor [9]. También me ha venido a la cabeza El buque fantasma, la novela de Trapiello ambientada en Valladolid que tan mal trató la crítica y que a mí me encantó [10]. En ella contaba el narrador sus peripecias sentimentales y políticas, en la lucha antifranquista, durante sus años universitarios. La ciudad se describía con mirada desapasionada: “Desde un punto de vista radical, V. era una ciudad innecesaria. Podría haber desaparecido del mapa y su falta, estoy seguro de ello, no se habría notado hasta pasados cinco o seis años”. El narrador también decía: “Cuando yo me instalé en ella, a V. no le quedaba siquiera un rincón que le hiciese olvidar a uno el resto, aquel monstruo en que la habían convertido”.

Una mirada desapasionada, pero no exenta de misericordia: “No hay ciudad tan vieja que no conozca unas horas de belleza, unas campanas lentas, una veleta inesperada y feliz sobre un sinfín de tejados o un oscuro pasaje modernista entre negruzcas casas. No hay ciudad tan cruel que no se haya tendido alguna vez a nuestro lado ni ciudad tan ruinosa que una mañana de domingo no haya creído ser otra ciudad en otra parte con cielos distintos y un claro porvenir. Hasta V. tenía derecho a su modesto sueño”.

Después de cenar, Alberto y yo nos hemos acercado a la casa en la que vivió Cervantes. Llovía, y al repiqueteo líquido de las gotas de lluvia se sumaba el de las fuentecillas del jardín. El lugar, a esa hora de la noche, estaba sumido en un silencio maravilloso, el maravilloso silencio cervantino que, precisamente, tanto le gusta citar a Trapiello.



martes 16 de octubre - miércoles 17 de octubre - jueves 18 de octubre - viernes 19 de octubre

 


Notas

[1]Grijelmo, Álex, La seducción de las palabras, Taurus, Madrid, 2000. ISBN 84-306-0409-X.

[2] Grijelmo, Álex, El estilo del periodista, Taurus, Madrid, 2001. ISBN 84-306-0427-8.

[3] Grijelmo, Álex, Defensa apasionada del idioma español, Taurus, Madrid, 1998. ISBN 84-306-0327-1.

[4] Faulhaber, Charles, “Las nuevas fronteras del español en la sociedad de la información: una perspectiva norteamericana”, en http://cvc.cervantes.es/obref/congresos/valladolid/ponencias/nuevas_fronteras_del_espanol/1_la_traduccion_en_espanol/faulhaber_c_p.htm

[5] Pimienta, Daniel, y Lameit, Benoit, “Lengua española y culturas hispánicas en la Internet. Comparación con el inglés y el francés”, en http://cvc.cervantes.es/obref/congresos/valladolid/ponencias/el_espanol_en_la_sociedad/4_internet_en_espanol/pimienta_d.htm

[6] Cabanellas, Ana María, “La edición en español en América”, en http://cvc.cervantes.es/obref/congresos/valladolid/ponencias/activo_del_espanol/2_la_edicion_en_espanol/cabanellas_a.htm

[7] Lara, José Manuel de, [comunicación presentada al II Congreso Internacional de la Lengua Española, sin título], en http://cvc.cervantes.es/obref/congresos/valladolid/ponencias/activo_del_espanol/2_la_edicion_en_espanol/abad_j.htm

[8] Polanco, Isabel de, “Global y local en la estrategia del Grupo Santillana”, en http://cvc.cervantes.es/obref/congresos/valladolid/ponencias/activo_del_espanol/2_la_edicion_en_espanol/polanco_i.htm

[9] Incluido en su libro El mismo libro, Renacimiento, Sevilla, 1989. ISBN 84-86307-25-2.

[10] El buque fantasma se editó en 1992, tras ganar el VIII Premio Internacional de Novela Plaza & Janés. Yo tengo la edición de bolsillo de esa misma editorial, en su colección “Ave Fénix”, publicada en 1998, con ISBN 84-01-41877-1.


 
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