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Alberto Gómez Font ha vuelto de
Atlanta con una buena idea, con una idea
sencilla y magnífica... El filólogo
responsable del Departamento de Español
Urgente de la agencia EFE ha participado
en esa ciudad, hace unas semanas, en un
seminario dirigido a periodistas hispanos
de Estados Unidos, y gracias a eso acaricia
ahora la posibilidad de retomar un viejo
proyecto muy querido...
Se le ve ilusionado a Gómez Font,
recién llegado de Atlanta, de regreso
a su despacho de la sede central de la
agencia de prensa EFE, en el barrio madrileño
de Chamberí. Ahí es donde
me recibe, una tarde de junio, para charlar
y responder a mis preguntas. "Gracias
a lo que he visto en Atlanta, a los contactos
que he hecho, a las conversaciones que
he mantenido", me cuenta, "creo
que se podría resucitar el proyecto
Zacatecas y ponerlo en marcha con un enfoque
ligeramente distinto y un nuevo impulso".
Se refiere a la idea que presentaron el
propio Alberto y su amigo Álex
Grijelmo, ahora presidente de EFE, en
el primer congreso internacional de la
lengua española, que tuvo lugar
en 1998 en esa ciudad mexicana. Se trataba
de promover la creación de un libro
de estilo común para todos los
medios de comunicación en español.
No con el objetivo de conseguir una homogeneidad
total que podría ahogar las particularidades
de cada medio, sino en busca de soluciones
lingüísticas compartidas ante
las novedades sociales o técnicas,
para unificar terminología, toponimia,
convenciones ortográficas...
En Atlanta, Alberto Gómez Font
ha tenido la ocasión de conocer
de cerca cómo funcionan esos "auténticos
laboratorios vivos de la lengua"
en los que periodistas de distintos países
hispanohablantes tienen que ponerse de
acuerdo a diario para decidir cómo
redactar las noticias que después
se difundirán -y tendrán
que entenderse- en toda América
Latina: es el caso de CNN en español,
en Atlanta, pero también de la
sección de español de la
agencia Associated Press (AP), radicada
en Nueva York, y de la redacción
de EFE en Miami, en la que trabajan cincuenta
personas.
¿Por qué no integrar a
los responsables de estilo de esas empresas
en un grupo de trabajo en el que también
participen los principales medios de España,
de México, de Buenos Aires, de
Bogotá, y que dé respuestas
comunes, meditadas pero muy rápidas,
a las dudas y las novedades que se vayan
planteando? A Alberto no le cabe duda
de la utilidad que tendría esa
forma de trabajar. Porque si en ese grupo
se acordara, por ejemplo, una forma de
llamar en español lo que en inglés
se conoce como "gender violence",
la solución adoptada sin duda acabaría
aceptándose de manera general en
los medios de comunicación de todo
el mundo hispanohablante.
"He estado pensando que el embrión
de ese grupo bien podría ser la
lista de correo electrónico en
la que desde hace unos meses venimos colaborando
los responsables de varios libros de estilo
españoles", sigue explicando
Alberto. "Están los de La
Vanguardia, El
Periódico y La
Voz de Galicia, además de
Pepe" (se refiere, cómo no,
a José Martínez de Sousa).
"Claro que no sólo habría
que incorporar a CNN, AP y otros; también
habría que incluir en la iniciativa
a la Real Academia Española y a
la Asociación de Academias: seguro
que su secretario, Humberto López
Morales, estaría encantado de apoyarla".
Alberto tiene claro el objetivo del proyecto
("lo ideal sería poder tomar
las decisiones entre todos, y que todos
las aplicáramos"), y también
que no costaría mucho ponerlo en
marcha. Habría que hacerlo sin
grandes alharacas, piensa, de manera práctica;
que fuera algo modesto pero efectivo,
que funcionara de verdad. Por eso ha vuelto
ilusionado de Atlanta, y está deseando
plantearle la idea a su amigo y ahora
también jefe, Álex Grijelmo,
convencido de que la acogerá con
entusiasmo.
El trabajo
del Departamento de Español Urgente
El timbre del teléfono interrumpe
nuestra conversación. Alberto responde
("¿Diga?"), escucha y
contesta con claridad: "De las dos
formas, se puede decir de las dos formas:
'un ave' o 'una ave'. Lo que no se puede
es decir 'la ave', porque la forma del
artículo determinado ante sustantivos
femeninos que empiezan por a tónica",
explica, "es 'el', como en 'el ave',
'el águila', 'el agua', 'el hacha'...".
Atender este tipo de consultas constituye
uno de los principales trabajos del Departamento
de Español Urgente (DEU), creado
en 1980 por Luis María Anson cuando
era presidente de EFE. Ahora, casi veinticinco
años después, como muestra
de la autoridad lingüística
que de hecho se le reconoce al DEU en
todo el ámbito del español,
más del ochenta por ciento de las
preguntas que recibe -la mayoría
por teléfono y por correo electrónico-
procede de fuera de la agencia: de organismos
públicos, Universidades, gabinetes
de comunicación de empresas...,
tanto de España como de países
latinoamericanos. El resto son cuestiones
que plantean los periodistas de la sede
central de EFE, en la que trabajan unas
seiscientas personas, de sus oficinas
en las distintas provincias y de sus delegaciones
en todo el mundo.
Además de dar respuesta a estas
consultas, continuas, el departamento
difunde regularmente a todos los centros
de la agencia sus prescripciones sobre
determinadas palabras, con indicaciones
ortográficas, gramaticales o de
estilo. "Mira, ahí tienes
la nota que estamos preparando ahora",
me dice Gómez Font, señalándome
una hoja que hay en la mesa, en la que
se habla de la abreviatura correcta de
'Estados Unidos'. Tras una breve explicación,
la nota concluye que debe escribirse 'EE.
UU.', con puntos, y no sin ellos ('EE
UU'), como viene utilizándose últimamente
cada vez con más frecuencia.
Estas notas, una vez distribuidas, se
incorporan al Vademécum
del español urgente que
mantiene la agencia EFE en su página
web. El DEU elabora también el
Manual
de español urgente, un auténtico
éxito editorial, con continuas
reediciones (la decimoquinta, aumentada
y corregida, acaba de publicarse), y que
además de capítulos sobre
gramática, léxico y ortografía,
contiene indicaciones sobre transcripción
de palabras en otros alfabetos, topónimos
y gentilicios, símbolos, abreviaturas
y siglas, todo ello completado por una
detallada bibliografía.
Por cierto, los dictámenes lingüísticos
del DEU no siempre coinciden con las normas
de la Real Academia Española, a
pesar de que en el Consejo de Estilo de
EFE, que se reúne cada quince días,
participan dos académicos, Gregorio
Salvador y Valentín García
Yebra.
Alberto, moderador
del foro Apuntes
Es verdad que a primera vista el elemento
más llamativo del rostro de Alberto
Gómez Font es el gran mostacho
entrecano que lo adorna, de guías
largas, anchas y muy pobladas, pero cuando
uno consigue -si lo consigue- sobreponerse
a la impresión de ese bigotazo
tremendo, no tarda en reparar, justo debajo,
en la cordialidad de su sonrisa, y, más
arriba, en su mirada tierna, de expresión
ligeramente ensoñadora, que otras
veces tiene un brillo irónico,
sandunguero y zumbón. Aunque lo
segundo no quita lo primero, y lo normal
es que sus ojos digan todo eso al mismo
tiempo.
Alberto habla con calma, explicándose
bien, didáctico. Charlamos sentados
en el despacho en que trabaja, junto con
otras ocho o diez personas, en uno de
los últimos pisos del edificio.
"El DEU somos sólo estas dos
mesas de aquí", dice, refiriéndose
a la suya y la de al lado, ahora desocupada,
"además de los libros de estas
estanterías, que son nuestra biblioteca".
Las mesas también están
llenas de manuales de estilo, diccionarios
y gramáticas. "A lo mejor
dentro de poco se incorpora una tercera
persona al departamento".
Mientras hablamos, la pantalla de su ordenador
va mostrando los mensajes de correo electrónico
que llegan de Apuntes, el foro de debate
sobre la lengua española que mantiene
la agencia EFE en Internet, y en el que
participan más de trescientos periodistas,
traductores, correctores de estilo y filólogos.
Alberto, responsable de Apuntes, donde
se le conoce como "la Autoridad",
se muestra infatigable en su papel de
moderador, multiplicándose para
dar la bienvenida a los nuevos contertulios,
exponer el criterio de la agencia en una
cuestión gramatical, resolver una
duda gracias a su conocimiento del árabe,
compartir una anécdota o una observación
de viajero, dar la referencia de un libro
recién adquirido, difundir noticias
de asunto lingüístico, felicitar
un cumpleaños o llamar al orden
a los apunteros que en el fragor de un
debate acaban desmandándose.
"¿Has visto las reacciones
a mi comentario sobre La Coruña?",
inquiere sonriendo. Alberto ha enviado
un mensaje al foro hace unas horas para
expresar su satisfacción por el
hecho de que, en el avión que lo
traía de vuelta de Atlanta, el
mapa que mostraba la ruta del vuelo llevaba
escrito ese topónimo, al igual
que los demás, en español
('La Coruña') y no en gallego.
La mecha ha prendido, y pronto han arreciado
los mensajes en torno al asunto, porque
hay en España quienes piensan que,
por respeto a la lengua gallega, hay que
utilizar 'A Coruña' incluso cuando
se escribe en español. "Ya
sabía yo que se iba a formar ese
revuelo...".
El español
de la agencia EFE
Cuando le pregunto en qué español
se escriben los despachos de la agencia
EFE, Alberto Gómez Font me explica
que no es exactamente lo que se llama
español neutro o internacional:
"Diría que es un español
de España (no en vano la agencia
EFE es española), pero sin excesivos
localismos, sin españolismos. Un
español inteligible en todos los
países hispanohablantes. Con los
textos que se redactan en las delegaciones
hispanoamericanas de EFE pasa lo mismo:
se intenta suprimir de ellos las palabras
y las expresiones exclusivas del español
local, para que se entiendan sin problemas
en el resto de los países. El objetivo
sigue siendo el que planteó Anson:
escribir en un español correcto
y válido en toda la comunidad hispánica".
- ¿Entonces no puede haber clientes
de la agencia descontentos con el español
utilizado en los textos de EFE por ser
demasiado específico de España?
- No, no los hay. Es verdad que todavía
la agencia puede mejorar mucho en la búsqueda
de un español internacional, pero
no existe ese tipo de problemas. De todas
formas, no debemos descuidarnos, porque
cada vez es mayor la competencia de algunas
empresas de Estados Unidos por el mercado
de la información en los países
hispanoamericanos. Fíjate en lo
que pasa en algunos diarios de Nueva York,
como Hoy
o La
prensa: saben que tienen que dirigirse
a hispanos de distintas procedencias,
así que cuidan mucho la lengua
que utilizan, para que ningún lector
la sienta como ajena. Lo mismo ocurre
con las agencias de prensa para América
Latina de las que hablamos antes.
- Y en este asunto de la unidad y la
diversidad del español, ¿piensas
que es mejor una mala solución
común (un término o expresión
tal vez incorrecto, pero que se use en
todos los países hispanohablantes)
que palabras quizá preferibles
pero distintas en cada país?
- Sí, sin duda. Yo me opongo al
purismo, creo que no tiene sentido. Bienvenido
sea el engendro lingüístico
si toda la comunidad hispanohablante se
pone de acuerdo en usarlo.
En cuanto a la calidad del español
que se escribe en la agencia en comparación
con el de diarios y revistas, Gómez
Font afirma: "Sí, creo que
podría decirse que el español
de EFE es más correcto y está
mejor escrito, en general, que el de los
medios de comunicación de España.
Y digo de España porque creo que
los periódicos de otros países
se escriben mejor que los de aquí".
La conversación nos lleva de nuevo
a Estados Unidos, porque Alberto coordinó
el año pasado la publicación
en ese país del Manual
de estilo de la National Association
of Hispanic Journalists. "Está
teniendo mucho éxito", me
cuenta, "ya que no había casi
nada similar publicado allí. Por
lo que he visto en mi viaje a Atlanta,
yo creo que pronto se hará una
segunda edición ampliada, con la
colaboración y la participación
de periodistas y responsables de estilo
de más medios de comunicación".
La primera edición tiene siete
coautores (entre ellos el propio Gómez
Font) de distintos diarios y agencias
de prensa.
A principios de año, Alberto participó
en una "gira" de presentación
de este manual por varias ciudades estadounidenses,
en las que con toda seguridad aprovechó
para visitar a viejos amigos y hacer amigos
nuevos. Porque Alberto parece tenerlos
por todo el mundo, y los destinos de sus
frecuentes viajes, ya se trate de Tijuana,
Guatemala, Nueva York o, como hace unas
semanas, Damasco y Alepo, son siempre
escenario de gozosos reencuentros. De
modo que, cuando viaja, no lo hace sólo
para ilustrar a los asistentes a los cursos
y jornadas en los que participa con sus
ideas sobre el uso de la lengua en los
medios de comunicación y el papel
de la agencia EFE, sino también
para alimentar sus variadas amistades
(y comenzar otras nuevas) con buenas dosis
de conversación y, si se tercia,
con deliciosos platillos y mejores vinos
y licores. O cócteles, porque es
proverbial su afición a los combinados,
en especial al dry
martini. Afición a degustarlos
y a prepararlos, que no en vano Alberto
ha sido barman
profesional...
No es con dry
martinis, sino con unas cervezas
bien frías, en el bar de la agencia
EFE, como terminamos nuestra conversación.
Alberto está ahora ilusionado con
el viaje que le llevará en noviembre
a Rosario, en Argentina, para participar
en el tercer congreso internacional de
la lengua española. De camino se
quedará unos días en Buenos
Aires, donde ha concertado una cita con
los apunteros porteños, en el mismo
café Tortoni en que estos se reúnen
de vez en cuando. De allí, de Buenos
Aries, de Rosario, Alberto Gómez
Font volverá con nuevos amigos
y con el afecto renovado de los que ya
tenía, y seguro que también
con buenas ideas -como la que se ha traído
hace poco de Atlanta- sobre la lengua
española en los medios de comunicación.
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