Cuaderno de lengua: crónicas personales del idioma español

n. 0, 27 de diciembre de 2000. Málaga

Guadalajara, capital de la lengua española


Victoriano Colodrón Denis
 
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- Papá, ¿qué es platicar?

Diego, que tiene seis años, lleva casi media hora leyendo uno de los libros que le ha traído papá de México. De repente, emerge de la lectura absorta y callada (hasta hace dos o tres semanas leía siempre en voz alta) para formular la pregunta.

-¿Qué es platicar, papá?

El cronista ha participado, por motivos profesionales, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara [1], que algunos consideran ya la más importante del ámbito hispánico, por delante de la de Buenos Aires y del LIBER español. Si no por volumen de negocio o por capacidad de convocatoria de los distintos agentes del sector del libro de los países hispanoamericanos, sin duda se merece tal consideración gracias a la riqueza y la variedad de su programa profesional y de actividades culturales paralelas, pero sobre todo a causa de la calidez y la vitalidad de su ambiente festivo.

Porque además de una importante cita de trabajo para editores, libreros, distribuidores y bibliotecarios, la Feria de Guadalajara se abre a los lectores, que no sólo pueden asistir a las innumerables actividades que se programan cada año, con una destacada participación de autores, sino que tienen también la oportunidad, nada desdeñable en un país con tan exiguas y precarias redes de librerías y bibliotecas, de encontrar en los stands miles de títulos y, lo que es más importante, de comprarlos, por regla general con descuentos especiales.

De sus nueve días de duración, sólo los tres primeros está la Feria reservada a los profesionales; durante los seis restantes la afluencia de público es espectacular, en especial la del público infantil y juvenil, normalmente en visitas organizadas de grupos escolares. Así que habría que hablar de un gran acontecimiento cultural, pero también de una formidable fiesta popular, de una multitudinaria actividad de ocio familiar, a la que acude la gente de paseo, a comprar libros, sí, pero también a disfrutar de las actividades y del ambiente festivo.

Guadalajara, una gran ciudad que conserva cierto sabor provinciano, ofrece además a los feriantes no pocos atractivos añadidos a los estrictamente profesionales de la Feria: la vitalidad y el bullicio de su centro histórico; su arquitectura colonial, con edificios de tanta belleza como el Hospicio Cabañas, generoso en patios de piedra y silencio; la artesanía de Tlaquepaque y el tianguis o mercadillo de Tonalá; los mariachis callejeros; o la cantina La Fuente, que frecuentaban Rulfo, Arreola y otros escritores, y que hoy acoge a un público diverso, en su mayoría joven, que fuma y platica a placer, coreando a pleno pulmón las viejas canciones que entona un grupo de músicos... Todo ello por no mencionar las delicias de la gastronomía (pozole, birrias de chivo, tacos de pollo dorados, quesadillas de huitlacoche...) y las variedades de tequila de calidad, bebida originaria de la localidad jalisciense del mismo nombre, que los profesionales del libro degustan por la noche en los restaurantes y los bares por donde se prolongan la Feria, los encuentros, los chismes y rumores, las pláticas...

- Papá, ¿qué es platicar?

- Hijo, platicar es...

Tanto se insiste en la consideración del español como lengua común de millones de personas de más de veinte países, que es algo que se olvida y se da por hecho. Por eso es natural que a muchos les llamen tanto la atención las diferencias entre las distintas variedades que la lengua presenta en ese ancho territorio, cuando lo que debería sorprenderles es su unidad.

Claro que existe una enorme variedad dialectal en el ámbito del español -bautizado por Carlos Fuentes como el territorio de La Mancha- pero es que lo mismo sucede en parcelas sucesivamente menores de ese espacio, en los países, las regiones e incluso las ciudades que forman parte de él: si aplicamos la lente de aumento en ellas para una observación detallada, encontraremos, a otra escala, un grado similar de diversidad. Pero más allá del despliegue múltiple y diverso, y aun abigarrado, de sus formas, sus cadencias y expresiones -despliegue lleno de vitalidad, funcionalidad y belleza-, lo que realmente maravilla en la lengua española es la posibilidad de entenderse con ella en tan ancho ámbito. Frente a eso, frente a la utilidad real del español para comunicarse, los posibles malentendidos debidos a diferencias léxicas, por reales que sean, se quedan en anécdota, en historias más o menos graciosas para compartir.

¿“Una lengua común que nos separa”? Más de uno ha aplicado ya al español plural de las dos orillas del Atlántico la conocida boutade, atribuida a Oscar Wilde en relación con el inglés hablado en Europa y América. Pero en la resolución de esta ingeniosa paradoja se imponen la realidad y el peso de su primer término, junto con la conciencia de que unidad no significa uniformidad. En Guadalajara, México, en su tercer viaje a un país hispanoamericano, este cronista ha vuelto a comprobar con asombro y admiración la práctica inexistencia de problemas para comunicarse, para entenderse, en esta mancomunidad lingüística del español (para referirse a esto mismo, Caballero Bonald ha hablado alguna vez de “evidencia emocionante” [2]]), sin dejar por ello de apreciar y degustar las particularidades de la variedad mexicana, tan sabrosas para el hispanohablante de fuera.

Todo ello no quiere decir que el riesgo de fragmentación no amenace la unidad de la lengua española, como sostienen algunos, acaso con más voluntariedad que rigor y sin las precisiones sociolingüísticas que el caso requeriría, aduciendo razones más o menos endebles como garantía de cohesión: el hecho de que tengamos una ortografía unificada o de que la comunicación entre los países hispanohablantes sea cada vez más frecuente e intensa.

Lo que sí parece claro es que en el nuevo siglo la lengua española será americana o no será, por evidentes motivos demográficos: nueve de cada diez hispanohablantes viven en América, como suele recordar el director del Instituto Cervantes, Fernando R. Lafuente (y, por cierto, uno de cada cuatro es mexicano). También es evidente la importancia económica del español como materia prima o recurso esencial de muchos negocios, importancia asentada precisamente en la unidad de la lengua. A este asunto, del que son bien conscientes muchos editores españoles, se dedicará de forma monográfica el segundo congreso internacional de la lengua española, que se celebrará en octubre de 2001 en Valladolid, cuatro años después de su primera edición, que tuvo lugar en la ciudad mexicana de Zacatecas.

Como no podía ser menos, también la Feria del Libro de Guadalajara dedicó un espacio al debate sobre la lengua española como vehículo de comunicación general y literaria. Una mesa redonda con el título de El español, lengua de ida y vuelta, incluida en el programa de actos organizados por el Ministerio de Cultura de España, congregó a Fernando R. Lafuente, Juancho Armas Marcelo, Jorge Edwards y Alejandro Rossi.

Allí se dijo –y así lo ha contado Armas Marcelo- que el español “es una lengua franca, una lengua de frontera, supervivencia y resistencia”, y también “una lengua cargada de futuros, que va y viene y en el camino felizmente se entretiene”; una lengua que “se habla y entiende de igual manera, aunque con distinto cantar, con distintos tonos y músicas, desde Nueva York a Ushuaia, pasando por las capitalidades de Buenos Aires, Bogotá, La Habana o México; desde Galicia a Canarias pasando por Madrid y Barcelona”, y también una “lengua de ida y vuelta, que cincelaron entre otros Unamuno y Vasconcelos” y que “no es en ningún modo una lengua ‘nacional’, y, por tanto, nadie puede secuestrarla bajo la máscara tribal de la frontera y el nacionalismo”.

- ¿Qué es platicar, papá?

Platicar es... lo que miles de personas han estado haciendo en la Feria del Libro de Guadalajara, porque si a algo invitan los libros y esta ciudad es a eso, a platicar, hasta el punto de que el escritor mexicano José Agustín se ha referido a la Feria como a una “inmensa platicadera”. Platicar, con palabras de ida y vuelta, en esta lengua mestiza, de viajeros y emigrantes, en esta lengua policéntrica, transatlántica, límpida e impura.

Feria de Guadalajara: mercado y cultura, fiesta y sensibilidad, literatura y entretenimiento, hervidero bullicioso de niños y jóvenes en un país de niños y jóvenes, inteligencia y espectáculo, saber y sabor, inmensa platicadera, capital de la lengua española...

 


Notas

[1] La XIV Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México) tuvo lugar entre el 25 de noviembre y el 3 de diciembre de 2000. El sitio web de la Feria es http://www.fil.com.mx

[2] Concretamente en su artículo “Otro diálogo de la lengua”, recogido en el volumen Copias del natural. Alfaguara, Madrid, 1998, ISBN 84-204-7839-3.

 
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